HISTORIA y DEVOCIÓN: la Patrona de Cartagena

La Virgen de los Dolores del Hospital de Caridad: 297 años de devoción en Cartagena

Agustín Alcaraz Peragón – Historiador del Arte

Corría el año de 1693 y el reinado de Carlos II de España llegaba a sus últimos años. La ciudad de Cartagena había ido adquiriendo con los años un importante potencial como base naval desde que, un siglo y medio antes, Felipe II había establecido allí la base de las galeras reales.

La ciudad había incrementado su población, y eran muchas las necesidades que se planteaban en todos los ámbitos, también y cómo no, en el religioso. Las sucesivas peticiones de incremento de parroquias, iglesias o sacerdotes para la administración de los sacramentos que se planteaban ante la Diócesis eran ignoradas una tras otra, por lo que se había tenido que recurrir a las órdenes religiosas para satisfacer tales demandas. Franciscanos, Agustinos y Dominicos habían establecido ya conventos en la ciudad.

Junto a una creciente necesidad de atención religiosa, se daban también otras necesidades, como la atención sanitaria, que era en parte satisfecha por otra orden religiosa, la de San Juan de Dios, que estableció un hospital junto a la plaza Mayor, pero éste no atendía a pobres o a mujeres. Los soldados contaban también con un hospital militar, pero, sin embargo, los más débiles, los más necesitados, incluso los mismos galeotes, los condenados que redimían su condena en las galeras, no sólo no disponían de atención sanitaria, tampoco se les proporcionaba sepultura, con lo que muchos de ellos eran arrojados al mar, apareciendo luego sus cadáveres en las playas de la ciudad.

La Patrona de Cartagena el día de su presentación en la Basílica
© Fco Nortes

Ante esta situación, un grupo de jóvenes marinos liderados por Francisco García Roldán,  que perteneció en Sevilla a la Hermandad de la Santa Caridad, deciden fundar un hospital para la atención y sepultura de los más necesitados. Eran, junto al mencionado Roldán, Francisco Bravo, Antonio Rosique, Alonso Cervera y Francisco Martínez. En 1709, el Hospital de Caridad, constituido inicialmente en la casa del propio García Roldán, se trasladaría a una nueva ubicación, y junto a ésta se levantaría una iglesia, que se encomendaría a la advocación de nuestra Señora de los Dolores. 

En 1722 un hermano de la Junta de Gobierno del Hospital, Francisco Irsino, marcha a Nápoles, ciudad que hasta pocos años antes perteneció a la Corona Española y en la que residían en aquellos años un buen número de cartageneros, exiliados tras la Guerra de Sucesión, puesto que la ciudad había apoyado en dicha contienda al Archiduque Carlos, y no al ganador de la misma Felipe de Anjou, Felipe V. Desde allí envía a Cartagena el grupo escultórico que -si hemos de creer la atribución que conocemos- realizó Giacomo Colombo, un escultor que había trabajado ya para Madrid o Cádiz bajo el patrocinio del Marqués de Mejorada, un notable diplomático que ocupó papeles relevantes tanto con el último de los Austrias como con el primero de los Borbones.

La imagen llegaría a Cartagena el 17 de abril de 1723, a bordo de un navío llamado ‘Nuestra Señora de África y Pequeño Fénix’, y casi dos siglos más tarde el que fuera Cronista Oficial de Cartagena, Federico Casal, publicaría en el diario local ‘El Noticiero’ un artículo en el que reflejaba una vieja leyenda, según la cual dicho buque navegaba frente a la costa destino a Málaga y, tras ser sorprendido por una tormenta, debió refugiarse en Cartagena, donde la tempestad cesó. Decomisada la carga (trigo) por el Concejo al considerarlo necesario para los cartageneros, en dicha carga se hallaba la imagen. Otras versiones de la leyenda cuenta que el barco se refugió en el puerto huyendo de la tempestad pero, cada vez que zarpaba e intentaba abandonar la ciudad, la tormenta volvía, hasta que desembarcó la imagen de la Virgen, pudiendo así marchar y dejando tan bella imagen en Cartagena.

La Virgen de la Caridad en una de sus salidas extraordinarias

Sin embargo, otro Cronista de Cartagena, Isidoro Martínez Rizo, contaría, varias décadas antes, en 1894, en su libro ´Fechas y Fechos de Cartagena’, una versión que parece más exacta: 
“Abril. Día 17. 1723 Es desembarcada en Cartagena á presencia de un numeroso y entusiasta concurso, la imágen de la Virgen de la Caridad que aun al presente se venera en el altar mayor de la iglesia del Hospital del mismo nombre. Don Francisco Irsino, artillero de la galera almirante “San José”, que ya en 1705 habia regalado dos frontales para el culto de la capilla del Hospital, por insinuación de D. Manuel Anrich, secretario de la Inquisición, envió desde Nápoles la antedicha imágen que tan gran veneración ha merecido desde entonces a los cartageneros. El administrador de la Aduana D. Josef de Lisas, costeó el trono de la imagen; Da. Antonia Montanaro, viuda del capitán de navio D. Manuel de Bustamante, costeó los remates y la inscripción de plata de la cruz; Da. Isidora Gonzalez, monja capuchina en Murcia, legó en su testamento una joya para la Virgen, y D. Adrian Caudrón de Cantin, jefe de escuadra, regaló la corona de oro guarnecida de pedrería que aun ostenta la venerada imágen”.
En 1740 se decide construir un nuevo templo, que será realizado por los arquitectos Pedro Marín y Marcos Evangelios sobre los terrenos del antiguo cementerio anexo al hospital, y que se finaliza en 1744. Colocada en éste la imagen de la Virgen, se realizaría unos años más tarde (entre 1755 y 1767) un retablo por Nicolás de Rueda.
Siglo y medio más tarde, entre 1890 y 1893 se construirá un nuevo templo junto al anterior, que es demolido. El nuevo, de estilo neoclásico y planta cuadrada fue diseñado por el ingeniero naval Tomás Tallarie, hermano mayor de la Junta de Gobierno del Hospital, y las obras dirigidas por el arquitecto diocesano Justo Millán. Fue consagrado el 10 de septiembre de 1893. 

Detalle del rostro de Cristo y la Mano de la Virgen de la Caridad © Fco Nortes

La imagen de la Virgen de la Caridad fue colocada sobre un gran trono presidiendo el presbiterio, en el que figuran imágenes de los Cuatro Santos cartageneros. El antiguo retablo se ubicaría en la capilla de San José.

Devoción y patronazgo
La devoción de los cartageneros fue considerable desde un primer momento. Buena prueba de ello son las necesidades de construcción de nuevos templos y la de contar con ella para rogativas en momentos de gran dureza, pues desde un primer momento la imagen permaneció siempre en su templo, sin salir regularmente en procesión o romería.

Si bien la Patrona de Cartagena siguió siendo la Virgen del Rosell, una talla medieval que se conservaba en la capilla del Concejo de la antigua Catedral, los cartageneros consideraron, sin necesidad de un nombramiento que otorgara tal condición, a la Virgen de la Caridad como su Patrona y la devoción fue creciendo -si cabe aún más- con los años.

Coronación de la Patrona de Cartagena

Así, en 1923 se producía un acontecimiento histórico: por primera vez una imagen de la Diócesis de Cartagena era coronada canónicamente y se trató, cómo no, de la Virgen de la Caridad. Fue el 17 de abril de ese año, cuando la imagen cumplía dos siglos de estancia y protección de la ciudad. Y fue en el puerto, el mismo en que fue desembarcada cuando llegó a Cartagena. Le fue impuesta entonces por Don Francisco Frutos Valiente, obispo de Jaca, una corona real realizada por la Casa Granda de Madrid en oro de 18 quilates, con un peso de dos kilos y ciento cincuenta gramos y su coste se cifró en 165.000 pesetas.

Corona de la Coronación

La Virgen volvía a su iglesia ya coronada y en ella permaneció durante la Guerra Civil, siendo el único templo que permaneció intacto durante la contienda. La historia cuenta que para su salvación fue fundamental el papel del antiguo alcalde y concejal socialista Miguel Céspedes. La leyenda dice que acompañado, además, el aciago 25 de julio de 1936, en que fueron destruidos casi todos los templos cartageneros, por las prostitutas del Molinete, encabezadas por una llamada Caridad “la Negra”.
Lo cierto es que la imagen se salvó; no así la corona. Desaparecida ésta, unos años más tarde se le impondría una nueva corona imperial, rematada por una gran aureola. Sería en 1955 y de nuevo en el puerto de Cartagena; una corona que luce hoy en las grandes ocasiones, en su día, en el Viernes de Dolores, cuando siguiendo una antigua tradición el Ayuntamiento asiste en procesión hasta su templo realizando la ofrenda de una ‘onza de oro’ para el funcionamiento del Hospital.

Atribución
De su autoría, nada se supo, nada se habló durante siglos. No sería hasta 1965, cuando el 9 de abril, en el diario ‘Línea’, el investigador murciano José Crisanto López Jiménez, tras realizar un estudio comparativo con la obra de otros escultores napolitanos, y tras realizar varias consultas fijaría la misma en Giacomo Colombo (1663-1731).

El rostro de la Madre de Cartagena © Fco Nortes

Aquellos escultores son los “sujetos a Pietro Ceraso, el maestro ‘caposcuola’ de los escultores napolitanos de la madrea de principio de setecientos: hermanos Antonio y Michele Perrone, de Domenico Nardo, maestro de Giacomo Colombo”. De éste remarca que no era napolitano, sino del Estado de Venecia (Este-Padua), “cuya carrera es conocida desde 1688 a 1728, bajo la dirección de su compadre el pintor y escultor Francisco Solimena (llamado familiarmente Ciccio Solimena)”.

Para José Crisanto López es de resaltar de Colombo “el ritmo corpóreo de sus efigies, fuerte musculatura, planos anchos y profunda espiritualidad”, algo que “le une a nuestro Bussy y a un napolitano muy posterior, Giuseppe Picano”.

Aun convencido de su intuición, consulta a varios expertos: el Doctor Raffaello Causa, superintendente de las Galerías de Bellas Artes de la Campania y director del Museo de Capodimonte, que afirma que las semejanzas con la Pietá de Éboli -una imagen de similar iconografía realizada por Colombo-, aunque aquella “más asida a Solimena”. Comparten dicha atribución también un historiador del Arte, el profesor Doctor Gennaro Borrelli, especialista en escultura napolitana y el escultor y restaurador Antonio Lebro.

Por todo ello afirma que “en virtud de cuyas razones reconozcamos a la hermosa imagen napolitana de la Virgen en el mayor de los dolores, tallada en un mismo bloque con su Hijo muerto, como hechura del escultor Giacomo Colombo. Nacía así pues en 1965 la atribución que, desde entonces, se ha mantenido para la imagen de la Virgen de la Caridad.

Una talla que sufriría, como es lógico, el paso del tiempo. En 1993 fue restaurada, en lo que supuso un cambio casi radical de su aspecto, pues los tonos oscuros que se conocían dieron paso a unos más claros, más correspondientes a la imagen de un barroco napolitano. Y de nuevo, en 2019 marcharía a Murcia, esta vez al Centro de Restauración de la Comunidad Autónoma, donde se consolidó su estructura, deteriorada por antiguos ataques de xilófagos y se procedió a una limpieza, que esta vez no alteraría el cromatismo de su policromía. También se reemplazaron las lágrimas del rostro de la Madre de los cartageneros, que con motivo de la pandemia y el consiguiente confinamiento, estuvo por vez primera ausente de su ciudad en el Viernes de Dolores de 2020.

GALERÍA FOTOGRÁFICA

La Virgen de la Caridad en su salida extraordinaria de 2015 e imágenes de su presentación oficial, en la Basílica, tras su restauración // © Fco Nortes


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